¿A quién celebramos más? Comparativa del esfuerzo en el Día del Padre y la Madre
Siempre nos han preguntado si somos más de nuestro padre o de nuestra madre. La respuesta casi nunca admite matices: de los dos. El afecto no se pesa ni se reparte en porcentajes. Sin embargo, cuando el calendario marca el Día del Padre o el Día de la Madre, la forma en la que expresamos ese cariño sí dibuja diferencias.
Con motivo de ambas celebraciones, se ha encuestado a 5.000 personas en toda España para analizar cuánto gastan, con cuánta antelación compran y qué presión sienten al elegir el regalo. A partir de estas variables se ha elaborado un índice de esfuerzo que permite comparar comportamientos y detectar patrones culturales. También hablamos con Joan Gea, psicólogo y profesor en intervención sociocomunitaria, para comentar los resultados.

Principales conclusiones del estudio
El Día de la Madre concentra más inversión, más planificación y más presión emocional. El presupuesto medio es un 35,3% superior al del Día del Padre y también se prepara con más antelación y mayor nivel de exigencia personal.
La preferencia simbólica es clara. Si hubiera que elegir solo una fecha, el 86,1% priorizaría el Día de la Madre frente al 13,9% que optaría por el Padre.
Los Millennials lideran el esfuerzo global, mientras que los Baby Boomers son quienes más gastan en términos absolutos y la Generación Z es la que más presión declara.
Para el psicólogo Joan Gea, la diferencia no tiene que ver con querer más a uno u otro, sino con el tipo de vínculo construido históricamente en el entorno familiar.
La presión por acertar responde, según el experto, a la necesidad de “estar a la altura”, de devolver simbólicamente años de cuidado y presencia emocional.
El Día de la Madre se impone: invertimos un 35,3% más que en el Día del Padre
Los registros del estudio indican que el Día de la Madre concentra un esfuerzo claramente superior al del Día del Padre en todos los indicadores analizados. El presupuesto medio alcanza los 39,5 euros, frente a los 29,2 euros destinados al padre, lo que supone una diferencia del 35,3%.
La distancia no es únicamente económica; también se refleja en la planificación: el regalo para la madre se compra con 5,6 días de antelación, casi un día más que en el caso del padre (4,9). A ello se suma la carga emocional. Además, la presión por acertar con el regalo del Día de la Madre se sitúa en 6,8 puntos sobre 10, frente a los 5 puntos que genera el Día del Padre.
El desequilibrio se acentúa cuando se plantea un escenario hipotético en el que solo pudiera celebrarse una de las dos fechas. En ese caso, el 86,1% de los encuestados elegiría el Día de la Madre, frente al 13,9% que optaría por el del Padre. La preferencia se mantiene estable en prácticamente todas las generaciones.
Según el psicólogo y profesor de intervención sociocomitaria Joan Gea, la diferencia no tiene que ver con querer más a uno u otro progenitor, sino con el tipo de vínculo construido: “En la mayoría de los casos, la madre ha sido la figura de apego principal, más presente en lo cotidiano, en lo emocional y en lo invisible”.
Gea añade que, cuando llega una fecha señalada como el Día de la Madre o el Día del Padre, muchas personas sienten una presión añadida:“Aparece la necesidad de estar a la altura, de devolver algo que sentimos que ha sido constante durante años. Por eso, para muchas personas, un simple regalo parece no ser suficiente”. Sin embargo, el experto matiza que esto no es una norma universal y que la necesidad de “estar a la altura” y la presión puede trasladarse perfectamente a la figura paterna.
Millennials, Boomers y Gen Z: quién hace más, quién gasta más y quién siente más presión
En el análisis comparativo, los Millennials encabezan el esfuerzo global con 75 puntos sobre 100 en el índice de esfuerzo, obteniendo la puntuación más alta del estudio. No son la generación que más gasta en términos absolutos —ese liderazgo corresponde a los Baby Boomers—, pero sí la que mantiene niveles elevados y constantes en todas las variables. En el Día del Padre invierten 30,3 euros (por encima de la media nacional de 29,2), dedican 5,7 días de preparación (también por encima de la media de 4,9) a pesar de admitir que su nivel de presión por acertar con el regalo es de 4,8 sobre 10. Por otra parte, en el Día de la Madre, los nacidos entre el 1981 y el 1996 lideran la planificación con 6,4 días de antelación, admiten sentirse altamente presionados por acertar, registrando un 7,5 de media sobre 10, la segunda cifra más alta tras la Generación Z. Su gasto en conjunto asciende a 69,6 euros, lo que representa un 3,2% de su salario mensual medio.
Con 62,5 puntos, los Baby Boomers se posicionan segundos y como los que más gastan con diferencia. Invierten 46,5 euros en el Día del Padre y 77,8 euros en el Día de la Madre, elevando el gasto conjunto hasta los 124,3 euros, la cifra más alta del estudio que supone más de un 6% del sueldo medio mensual que reciben. Sin embargo, esa inversión económica no se traduce en mayor anticipación ni en más presión emocional. Son quienes menos días dedican a preparar el Día de la Madre (3,3 días) y quienes registran los niveles de presión más bajos (4,7 en el Padre y 5,8 en la Madre). Gastan más que nadie, pero se exigen menos que nadie.
La Generación X, también con 62,5 puntos, presenta un perfil más homogéneo. Su gasto conjunto es de 72,4 euros (29,6 en el Padre y 42,8 en la Madre), pero ese importe representa solo un 3,02% de su salario mensual medio, el porcentaje más bajo del estudio. En tiempo y presión se sitúan en niveles moderados: 10,3 días de preparación conjunta y 4,8 puntos de presión en el Padre frente a 6,2 en la Madre.
Por último, la Generación Z cierra la clasificación global con 54,2 puntos, aunque destaca en un indicador clave: es el grupo que más presión emocional declara. Puntúan con 6,2 en el Día del Padre y 7,7 en el Día de la Madre, la cifra más alta del estudio en esta última fecha. Sin embargo, esa presión no se traduce en mayor inversión. Su gasto conjunto es de 66 euros (28,1 y 37,9 respectivamente), el más bajo en términos absolutos. No obstante, en proporción a su salario mensual medio (1.450 euros), ese esfuerzo representa un 4,55%, el segundo porcentaje más alto tras los Boomers. Sienten más presión, pero gastan menos y planifican menos (9,6 días en total).
El psicólogo explica la mayor implicación de los Millennials por el momento vital en el que se encuentran: “Los Millennials están en medio de todo. Son hijos, muchos ya son padres y cargan con una doble mirada: la de quien recibió y la de quien ahora da. Esa posición genera una implicación emocional muy fuerte”.
La eterna duda del Día del Padre y el Día de la Madre: ¿le habrá gustado mi regalo?
Una de las dudas más habituales en fechas como el Día del Padre o el Día de la Madre es si realmente hemos acertado. Para Joan Gea, la clave no está tanto en las palabras como en los pequeños detalles posteriores: “Acertar es complejo, aunque cuanto más tiempo dediquemos a la preparación, más oportunidades tendremos”. Pero para saber si un regalo ha gustado, no hay que fijarse solo en lo que se dice, sino en lo que ocurre después”.
El psicólogo recomienda observar las microseñales emocionales: “Una sonrisa que aparece sin esfuerzo, una mirada que se mantiene un segundo más, el tono al decir ‘gracias’. Incluso frases como ‘no hacía falta’ suelen esconder una emoción auténtica”.
Más allá del momento inmediato, el verdadero indicador está en el tiempo: “Si el regalo se usa, si se menciona días después, si se integra en la rutina. Cuando conecta con el apego, no se queda en el instante, se queda en el vínculo”.
Para Gea, el gesto de regalar va mucho más allá del objeto en sí. El psicólogo sostiene que no se trata únicamente de acertar con el detalle, sino de conectar emocionalmente. A su juicio, la presión que muchas personas sienten en estas fechas no está relacionada con el regalo en sí, sino con el miedo a no estar a la altura de todo lo que sus padres han hecho por ellas.
En ese sentido, regalar funciona como un mensaje simbólico. “Es una forma de decir ‘sigo aquí’, ‘te veo’, ‘te reconozco’. Y quizá por eso el Día de la Madre pesa más emocionalmente: toca una fibra más profunda, más antigua, ligada a cómo aprendimos a querer y a sentirnos queridos”.
Ourense, Tarragona y Álava: las provincias que más se esfuerzan en el Día del Padre y el Día de la Madre
El mapa del esfuerzo también dibuja diferencias claras entre provincias. Ourense encabeza el ranking nacional, con un 90,5 puntos sobre 100 en el índice de esfuerzo, gracias a un comportamiento especialmente intenso en casi todas las variables analizadas.
En el Día del Padre, el gasto medio alcanza los 52,5 euros, muy por encima de la media nacional (29,2 euros) y solo superado por Soria (57,3 €) y Álava (56,7 €). La planificación también marca distancias: los ourensanos compran el regalo con 9 días de antelación, frente a los 4,9 días del promedio nacional, una cifra solo superada por Tarragona y Toledo.
La tendencia se mantiene en el Día de la Madre. Ourense es la segunda provincia con mayor presupuesto, con 77,5 euros, prácticamente el doble de la media española (39,5 €) y solo por detrás de Zamora (78,9 €). Además, registra una de las puntuaciones más altas en presión por acertar, con 8 puntos sobre 10, situándose entre las provincias donde esta fecha se vive con mayor intensidad emocional.
En segunda posición aparece Tarragona, con 84,5 puntos. Su gasto es más moderado —30,6 euros en el Padre y 37,5 en la Madre—, pero destaca por la anticipación. Es la provincia que más adelanta la compra del regalo del Día del Padre en todo el país, con 9,4 días de media, y la tercera que antes prepara el de la Madre, con 8,8 días, muy por encima de la media nacional.
El podio lo completa Álava, con 82,1 puntos. Sobresale por su elevado presupuesto en el Día del Padre (56,7 euros), casi el doble de la media nacional, y por ser una de las pocas provincias donde el gasto destinado al padre supera al de la madre (51 euros). También figura entre las que más planifican el Día del Padre, con 7 días de antelación, solo por detrás de Ciudad Real y Palencia.
Dos celebraciones, una diferencia cultural
El estudio deja una idea clara: el afecto no se mide, pero la forma de celebrarlo sí refleja patrones culturales arraigados. Más gasto, más planificación y mayor presión emocional convierten el Día de la Madre en una fecha con un peso simbólico superior en el calendario español.
Las diferencias generacionales matizan el análisis —más inversión en los Boomers, más constancia en los Millennials, más presión en la Generación Z—, pero el resultado global apenas varía: cuando hay que elegir, la mayoría lo tiene claro.
Padre y madre ocupan el mismo lugar en el discurso afectivo. Sin embargo, en la práctica, el esfuerzo no se reparte de manera equitativa. Y esa brecha, más que económica, es cultural.
Metodología:
El estudio se basa en una encuesta realizada a 5.000 personas residentes en España cuyos progenitores tienen ambos vivos. A partir de sus respuestas se calcularon porcentajes a nivel nacional y se segmentaron los resultados por generación y provincia.
Con estos datos se elaboró un índice de esfuerzo que combina variables económicas (gasto), de planificación (días de antelación en la compra) y emocionales (nivel de presión por acertar). Este indicador permitió establecer un ranking comparativo tanto generacional como territorial.
Para interpretar los resultados y aportar contexto cualitativo, se contó además con el análisis del psicólogo y profesor de intervención sociocomunitaria Joan Gea.
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